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martes, 6 de abril de 2010




CURAS EXCESIVAMENTE CARIÑOSOS

El amor divino es infinito, y el carnal, puede llegar a ser miserable. Y más, si de inocentes y trémulos niños se trata. Repugnante hecho de los hombres de oficio de sacerdote, que aprovechándose de su condición de confesores y clérigos, abusaron de infantes refugiándose en una negra sotana. Esto de pecar, se ve que es más relativo que el espacio y el tiempo, de la Génesis y otras hipótesis irracionales. Y según, la visión de cada deshonesto pensamiento, algunos administrando los Santos Sacramentos por el prepucio. Y no, por el alma sana.

No contentos con tener a alguna monja a mano, o inocente “sobrina” de toda la vida. Estas almas pecadoras, engañan y abusan de inocentes criaturas, para poder escupir al diablo por la polla. Carentes de empatía y sabiendo que hacen el mal a sabiendas, mutilando así, una infancia que no podrá repetirse jamás.

Si hay un Dios, este, debería tener una brigada de ángeles policía, con alas de fuego y aureola de ecuanimidad, que se los llevase al cielo antes de hora para un profundo reciclaje, para desprenderles de tan instintiva y cobarde acción.
Estos casos se suelen llevar en secreto durante años. Los silencios son muy malos. Y, los Obispados, son muy discretos en estos temas. Normalmente, ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Y, a veces, su purga es sencillamente cambiarlos de parroquia. Pensando así, que la complicidad puede borrar el mal concebido y engendrado.

Eso sí, si te pones un preservativo te conviertes en un ser peligroso e irreverente. Va a ser verdad, aquello de qué; mejor ir al infierno donde al menos las cartas suelen estar boca arriba, sin engaños ni artimañas, que al misterioso y justo cielo. Que igual, no es más paraíso que la triste realidad de la ciencia más Darwinista y de la evolución más lógica.

Se desconoce, si el vino de misa es afrodisiaco y las hostias llevan colesterol. Pero algunos curas deben de trempar hasta en la sacristía, imaginando en sus enfermas mentes, placeres repugnantes y canallas, que como duendes libidinosos se apoderan de su sucia alma. A algunos, hasta les brota su parte artística, haciendo fotos de sus canalladas, como para plasmar en recuerdo, para luego, rememorar a solas de aquello que puso en efecto su enferma y perversa mente. Aprovecharse de los más débiles e inocentes, todavía añade más retorcimiento a la acción. Uniformados con atavismos religiosos, pensando igual, que estos, les protegerán como escudos, donde las flechas de la justicia no traspasarán su avatar.

Algunos, probablemente, son los mismos que decían en los ochenta, que el SIDA, era un castigo para “maricones”, drogradictos y demás depravados. Vamos, como un castigo divino y de justo empírio. La hipocresía siempre va acompañada y cogida de la mano de la ignorancia.

Su Santidad el Papa les puede perdonar. Dios, no se sabe, pero los padres de los niños abusados de miradas inocentes e infantiles, no podrán jamás curar las llagas del alma, de heridas hechas con consciencia amarga. No se puede mantener al margen de la ley secular y más tangible, que el dudoso efecto de la confesión y el arrepentimiento a cambio del perdón. No es suficiente pasar página con creencias de fabricación casera y alquimias de altares irresolutos. Lo peor, es qué, la iglesia, se convierta cómplice necesario, escudándose de que todo son faltas individuales y de acto privado. Una maniobra inútil, porque el pueblo, hace tiempo que puede pensar por sí mismo, sin miedos irracionales, ni viendo sólo las cosas en blanco y negro de tiempos pasados que al clérigo español les fue mejor.

Tristemente, esto puede ser la punta del iceberg, independientemente de si estos sujetos sean creyentes, o no. Eso puede ser lo de menos. ¿Antisemitismo? Necias declaraciones para dar esquivo y marear la verdad revelada y probada.
Extrañas almas con extraños pensamientos, impuros y de bajo instinto, andando camino que les lleve a la hoguera para que se abrasen en el purificador fuego. El diablo, también fue ángel un día,- lo que pasa, es que lo dejó-, siempre suele ir de cara, mirando a los ojos y sin sotana. Porque, arrancar de cuajo la infancia es de cobardes y miserables, con la sed que da el vicio y el daño hecho por sí mismo. Y es aquí, donde se puede esconder la incurable tristeza de la vida. ! Ángel bíblico, ángel sombrío, ángel con lágrimas en los ojos, espíritus celestes mensajeros de Dios! Si estos niños pudieran contárselo a solas; al oído de sus divinos verdugos, hasta el ángel más misericordioso no podría evitar condenarlos a las llamas del fuego eterno.

El bello tiempo de la infancia se les ha ido a estos niños, y que la pena es también negra en aquellos que crean que creen. Donde el castigo, no hace falta que sea divino, tiene que ser algo más terrenal y de aplicar la justicia al criminal. No basta una prueba de fe y arrepentimiento, no es suficiente. Detrás de unas frías rejas de una cárcel común, se reflexiona mejor.
Sin embargo, en mi mente una pregunta existe, Y le pregunto a mi razón, ¿dónde está el bien y donde está el mal? ¿En lo divino, o en lo terrenal?

Sergio Faras (escritor tremendista)

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