Y Rubalcaba en la última playa
Como un viejo lobo de mar, mirando hacia el horizonte más aledaño, Pérez Rubalcaba orienta la mirada y contemplación hacia el 20-N. Como un marino sin sextante, sin rosa de rumbos, con poco oxígeno y, de esencias aromáticas de cambio en el aire viciado de los progresistas. Contaminado por un agotamiento de alientos desorientados, de falta de previsión y prudencia en esta legislatura de desconfianzas y de circunstancias mundiales cambiantes. De una mudanza y variación global, desmedida por la codicia más insolente y procaz.
Puerto de mar abierto, punto de encuentro de mercaderes es este escenario europeo, que se intenta salvar de la agonía con remiendos y apaños hechos con livianos encajes. Rubalcaba es como aquél veterano navegante, viejo lobo de mar que siempre ha estado allí; en la última playa.
El frágil colchón del estado del bienestar, hace insensible y desconfiado al votante, desvaneciéndose la idea del voto romántico y apasionado, para conmutarlo por el probable voto práctico de la derecha. Desde donde dicen, que se cumplirán las promesas. Y Rublacaba, que es socialista y tirando a bolchevique. Bragado en esto del progresismo desde los años setenta, allá por las antesalas de la democracia. Siempre ha estado allí, atento y astuto como el pícaro de la política, dejándose a veces llevar por el viento de las cosas que pasan. Presente en casi todas las “perfomances” y legislaturas socialistas; en “Sol y en Sombra”.
La pasividad de reacción y el recuerdo nostálgico de qué: “otros tiempos fueron mejores”, rompen el espejo vivo de una realidad poco holgada de recursos económicos y falta de ocupación laboral. La evolución de este confundidor principio de siglo, .anula la antigua sociedad excesivamente consumista. Roto su cielo, de un gobierno acostumbrado a refugiar a sus ciudadanos en el estado del bienestar y de las pasiones ciegas. Zapatero por sus palabras quedó sepultado. No se dio cuenta de la alerta temprana, de indicadores y ritmos de mutaciones aceleradas de una economía mundial que empezaba a quebrar. Y quemó su luz, prólogo de un punto final socialista. como el vino rancio que se convierte en vinagre.
Bienes inmateriales imprescindibles como: sanidad, educación y pensiones son pilares que deberían ser inamovibles. Pero el socialismo contemporáneo, no ha podido controlar esta catarsis y purga en la fragua de este mundo globalizado y egoísta. Que como un macizo, de momento se desploma por los acantilados de los mercaderes más codiciosos.
Rubalcaba, debe luchar las próximas elecciones contra esta tragedia contemporánea, contra esta apatía e incertidumbre económica. De una epidemia de descontento y apatía, que se contagia como un bacilo que hace metamorfosis y llaga a la transformación que va mutando lentamente. Y que duele en los bolsillos públicos y privados del ciudadano aprensivo como plantas de espino. O como esas pequeñas empresas, que sólo desean sobrevivir unos días más. Mientras, la derecha, aprovecha con más ornamento que sustancia alguna, encomendándose a Dios y a todos los santos celestiales, ofreciendo soluciones más divinas que terrenales, lo que puede llevar a sendas turbadas. Y Rajoy, no es que sea Moisés, aunque muchos ya le ven ni guía para iniciar peregrinaje hacia Moncloa.
Rubalcaba, dice no confiar en místicas y otros mundos arcanos. Pero tampoco se puede hacer política en “Carpe Diem”. El hombre que siempre estuvo allí, el hábil estratega de sabia labia que siempre acaba convenciendo a las conciencias de su fragmentada coalición. Ocupando varios cargos desde los lejanos años setenta, moviéndose entre bastidores y sombras umbrías, entre antesalas de escándalos y escenarios menos marxistas y más de tragedia shakesperiana. Más casa que mansión es el actual gobierno socialista. Mostrando un “artdecó” de desesperanzas colectivas de este siglo XXI, donde el mundo se está quedando sin alegrías.
La magia está a punto para este 20-N, dicen que de gran belleza para la derecha. Mientras, la izquierda, busca los silvos que conversan en un rojo atardecer de aquellas hermosas alamedas socialistas que con el desgaste se van fundiendo. Y es empresa intrincada convencer al votante desorientado, que busca el puerto seguro para no embarrancar más en el desencanto, cansados de rozar los acantilados que duelen en los bolsillos más vulnerables.
Por sucederse el día, por la noche, se escucha el resonar del eco conservador que viene despejando la oscuridad con promesas impías. Presencia inevitable de cambios y formulas magistrales, que puede que no sean sino encantos de sirenas. Nada más.
Y Rubalcaba, el musculoso pescador moreno, de tez curtida por los años como la rosa del viento, no del rosal. De los enfurecidos vientos políticos, con manos de artes, la malla coge cautiva y mata los pensamientos solitarios y confusos, siempre presentes antes de comicios. Para acabar en la soledad bajo el césped que tapiza la enredada percepción progresista actual.
Tres suspiros, tres, te dedicará el ciudadano amigo Rubalcaba antes de introducir trémulo su voto en la urna donde aprendiste, un día, que al votante, le duelen igual las verdades como las vanidades. Don callado es la abstención, y eso, amigo Rubalcaba, es el mar que te puede llevar a la deriva como la medusa viajera que es delicia verla varar en la última playa.
Sergio farras, escritor tremendista.

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