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sábado 5 de noviembre de 2011


(Artículo publicado en lavanguardia.com)


Campaña electoral 20-N, Estoicismo y sobriedad

Cuando el ciudadano se encuentra con la apatía y la indolencia en sus adentros, comienzan a aparecer las ideas nubladas. Esta campaña electoral, viene vestida de gris con la sombra de un futuro indeciso. Mientras, al trémulo elector, su máscara donde detrás se cobija no le deja ver su verdadero rostro. El votante es asediado por el escepticismo más frío y pragmático de todas las legislaturas, sin más emoción ni entusiasmo que el posible “continuum” de sus problemas. Muchos son los que piensan que nos gobiernan desde Bruselas, a golpe de pito y regaño diario, lo que genera incertidumbre y viéndose alejado del tablero del juego de la vida. Porque más recortes, la figura punteada de la muñeca de formas baratas, no puede soportar que le doblen más lengüetas. Pues la desfiguraría arrancándole un trozo de vida,  perdiendo su figura de ciudadana tranquila y amparada, acostumbrada a la bondad del estado del bienestar.

Mientras, los políticos, persiguen el poder como el galgo persigue a la liebre. ¡A lo suyo! Quizás, esta campaña debería ser austera y tirando a sobria, pues el ciudadano no ve bien que los candidatos se envuelvan en florituras, adornos y vaticinios que ya no sorprenden ni asombran con quimeras imposibles. Ya no son tiempos de “bedettes” ni de candidatos estrella. Son tiempos de soluciones y remedios que solventen esta situación tan recelosa y temerosa que puede crear más marginados que votantes convencidos el día de comicios.

De todas formas, hay que ir a votar, muy a pesar del recelo estoico que nos abraza como un sudario. Porque en el fondo, un voto puede ser como una muestra de cariño en estos tiempos tan convulsos. Mostrando armonía el día de comicios, también nos implicamos en la solución de nuestros problemas que no son imaginarios. Estos tiempos la desconfianza recorre a los políticos con trémulo artificio, que con un solo soplo de viento esta vez se puedan acabar abrasando en el fuego.

Sergio farras, escritor tremendista.

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