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sábado 3 de diciembre de 2011

NAVIDAD ES EL 25 DE DICIEMBRE, NO LO OLVIDEMOS

                         
El ansia, el ansia! ¡Ya es Navidad hace casi un mes! Los centros comerciales y el aparato de mercadotecnia, más de anhelo e ingenio gastador que de preservar costumbres y tradiciones, ya hace semanas que cuelgan sus artículos navideños con estrategias anticipatorias y tentadoras. En sus lustrosos escaparates, se muestra el consumismo más agresivo y peleador. Ya se asoma la Navidad más comercial, más mercantil, con sus relojes adelantando sus agujas para marcar el compás de los latidos del usuario cliente, siempre acelerado, siempre apurado del tiempo que le empuja a atormentarse para que nada le falte. Este anticipo subjetivo de Pascuas, puede anular la tradición y la belleza de estas fiestas, que suelen ser normalmente fraternales y entrañables. ¡Qué pena, qué aflicción! Villancicos con melodías de silencio pueden quedar mudos por anticiparse a los eventos que humedecen los sueños.

La ilusión de un niño no tiene precio, y se debería de tener en cuenta ésto del orden y de  las cronologías de las fechas, de las prisas, que todo lo aturden y desorientan, empalmando el día de la Constitución con Navidad. Y en esta hiperactividad del niño desorientado, no sabe el chaval si en la consola del video juego, -laser en mano-, mata marcianos o Pajes Reales, confundiéndolos con enemigos cibernéticos. Ya se sabe, que los niños tienen mucha imaginación y espontaneidad para según qué señales dirigidas al corazón y a la ilusión.

Cuentos de Navidad en pleno puente de la Constitución no queda serio, y mucho menos cuando deroga tradiciones y costumbres arraigadas. Y la moraleja del cuento de Charles Dickens, parece hacerse realidad con las grandes superficies, que con su gula y avaricia de consumismo compulsivo, anticipatorio y apremiante, son a veces autoras del daño. Pensando el crio; que aquí, se está engañando a alguien. Villancicos cantados en un grisáceo polígono industrial ahuyenta la dulzura infantil y atrae la turbación del mercadeo incentivado por los lobos mercantilistas, para convertirse en ingenuidad de los corderos consumistas que somos los otros.

Quemar la luz de la estrella de Belén no es buena idea ni noble intención. Y el pesebre, no es una vana construcción de la especulación inmobiliaria. Ni tampoco atracción de feria y escopetillas, desde donde se sustituye al tradicional Paje Real por el astuto feriante. Estos métodos, no menos ortodoxos que espirituales, hacen que la mente viva más deprisa de lo aconsejable. Y los bolsillos se pueden resentir, corriendo el peligro de celebrar las fiestas dos veces. Esto es; que mucha gente ya se ha comido el turrón antes del veinticinco de diciembre por tentaciones de comprensible naturalidad.

Madre de los sueños es la ilusión del niño feliz y encantado. El consumismo acelerado puede alterar la quietud de su candor, anulando la imaginación del chaval que pasa sus días enchufado a las videoconsolas y redes sociales, inherente a  toda maquiavélica miscelánea de mercados y consumismos mezquinos. Mientras, el tiempo que suele ser veloz para todos, devora su cándida y corta niñez como por un sueño que está todavía lejano. ¡A los niños no por favor,  que su abrigo es su inocencia!

Sergio Farras, escritor tremendista.

1 comentarios:

  1. La pura realidad disfrazada con la ironía de la vedad

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