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miércoles, 28 de diciembre de 2011


ARTUR MANOS TIJERAS
Los recortes de CIU desde que gobiernan

(Artículo publicado en LaVanguardia.com)


Desde que CIU llegó a la Generalitat de Catalunya tenía un objetivo primordial y muy principal; recortar por antonomasia las financias públicas, cosa que por rebote siempre acaba salpicando a lo privado y a las necesidades más básicas de la ciudadanía. Esto de los recortes se ha convertido en una cosa obsesiva; casi compulsiva, sin más adorno que su presentación, escenificación y puesta en escena. Como aquél personaje de la película de Tim Burton:Eduardo Manostijeras, que trata de  un joven solitario e ingenuo con tijeras en vez de manos, y que empieza podando setos para acabar asustando a toda una comunidad. Los cuales, sienten fascinación y a la vez miedo hacia un ser diferente, que no comparte sus actitudes ni valoresAquí, la historia, la cuenta el Señor Artur Mas, relatando su versión de la criatura pero a la “catalana”. Y el chico con cuchillas en los dedos podría ser el flamante conceller de economía el señor: Mas-Collel, que también lo ven diferente los ciudadanos catalanes, y que los cuales, sienten miedo cada vez que coge una calculadora. 


El afligido ciudadano anda asustado, viéndolas venir de canto y de frente, como aquél lazarillo de Tormes, que estuvo al servicio de varios amos y que al final le saltaron los dientes. Todo esto de los recortes ha encendiendo la mecha de la indignación popular y también llevando al sacrificio a su funcionariado. Lo que ha acabado siendo el mayor recorte presupuestario de la Administración catalana. Como un llanto mío, como algo folklórico que ha hecho bailar sensibilidades y emotividades que amplifican la susceptibilidad del pueblo desencantado. De las vocecitas que despiertan tales recortes,  que en su aplicación pudieran ser poco convincentes por carecer del aplauso y aura vital de estimación,  matando la esperanza absurda y lejana de poder economizar al gusto de cada uno. Para hacer romper las huchas como modo de pago y afrontar las facturas de la vida cotidiana, del día a día, para llegar a final de mes. Es la política del señor Artur Mas, que como aquél extravagante inventor no pudo acabar su obra, dejando al joven “Eduard” con cuchillas en lugar de dedos.  Y este papel de esculpidor de las economías, le ha tocado al señor Mas- Collel, que también tiene cuchillas en los dedos que sesgan y atraviesan las livianas rentas, padecidas y sufridas que se cobijan en prudentes medidas de ahorro. Se conoce, que desde los despachos se afila mejor la tijera que desea cercenar y capar, amparados con la confianza que da el consorcio y la institucionalidad. Y, aunque intenten vestir de ética una acción política de este calibre, las clases medianas están heridas y tocadas por el florete del recorte, que está haciendo “touché”, con un seco y atinado toque artificioso pero probablemente ya cavilado con antelación. Decisiones como la supresión del impuesto de sucesiones, que solo pagaban ya las grandes fortunas y que tantas vueltas le están dando. Y el pueblo, aturdido con esta economía del gota a gota y sintetizada que se espera que no actúe de inútil placebo. Sociedad, médicos y pacientes, personal sanitario, funcionarios varios, desempleados, trabajadores en conflicto. Todos caminando por la senda del escepticismo y de la desconfianza.


Andreu Mas-Collel, el hombre de los números y contador de dineros de las arcas catalanas, afila la daga que recorta como una segadora allá por donde transita, cerrando caja y seccionando nóminas del funcionariado descontento y rebelado. “No lo hacemos con finalidad recaudatoria”, aseguró el consejero de Economía y Conocimiento. Se entiende por conocimiento también, el saber darle a la imaginación más pragmática pero con traje de etiqueta. Fantasía, drama y comedia se mezclan en una Catalunya difícil de consolar y convencer de más ajustes y ayunos. Todo junto y bien revuelto, como la escudella o como el potaje de cuchara. El señor Collel, no es que sea calcado literalmente como el robot inacabado del personaje de Edward.  ¡No, por Dios! Lo que pasa, es que ha adoptado por defecto el feo vicio de recortar siempre por abajo. Esto es, a las rentas más bajas y de las clases medianas que suelen ser las que suelen empujar el consumo y la inversión. Con este criterio moderador no se suele ganar a la gente por la simpatía, ni escuchar tampoco el aplauso de fondo de unos ciudadanos abrazados a la prudencia, no gustando ni agradando esta permutación de gestión política a la cizalla. La ciudadanía anda deambulando con el catéter en la mano, asustada y recelosa con el gota a gota de sus sueldos biselados.
  
Pero lo que ha encendido la hoguera de la vana indignación es el copago de recetas médicas. Plantean un euro por fármaco. Los enfermos crónicos con diversas patologías, tendrán que tirarse a la aventura de la cura por hechiceros o a las más modernas terapias alternativas. La nueva tasa afectaría por igual a pensionistas, jubilados y enfermos crónicos. Vamos, lo más granado de la economía catalana. Y es qué, como siempre y siendo costumbre, repercutiría en las rentas más bajas. Porque un mal momento no olvidemos que lo puede tener cualquiera, y la miseria no se manifiesta ni se revela más que al qué le afecta. Ostentación puede ser adquirir un perfume pero imprescindible lo es habitualmente un medicamento. También se anima al pueblo catalán a suscribir un seguro médico privado. E igual también, puestos en ello, incentivarlos para que se inscriban a campos de golf y clubs de equitación. Como si un medicamento fuera el vino y una atención médica fuese capricho de amazonas cabalgadoras o antojo y deseo de algún ilustre personaje extravagante.


Se puede enfermar con la tristeza y con el sonámbulo pensamiento también. A este paso, pronto habrá un botellón de usuarios de la sanidad pública, con medicamentos y fármacos en botiquín de mochila, donde se juntarán todos los enfermos crónicos y mal aventurados pacientes, cambiando el ambulatorio por la taberna del trapicheo y el trueque de pócimas y remedios donde se lo pasarán la mar de bien. Se pueden hacer correr las hipótesis más absurdas y las decisiones más insensatas,  pero todo esto genera mucha confusión y mucha incertidumbre, en unos tiempos, que ya son de difícil de llevar y digerir. Y como presas furiosas y asustadas, los ciudadanos temerosos y alarmados, ven día tras día como sus livianas economías se rehacen en cada hora, en cada minuto, pudiendo pasar de la mediocridad a la pobreza en un mal instante. Pues pálida es el alma del pueblo temeroso que va cubriendo carrera por estos tiempos inciertos y confundidores, como una luz transparente que deja entrever la necesida.  Porque unas tasas disfrazadas de caricias no es sentido de caridad. Estado del bienestar: ¿ya te vas para no volver? Mientras, el señor Artur Mas sigue pidiendo y exigiendo dinero a Madrid para aliviar la pena. Pero de momento, para marear al personal, se acoge a competencias para aplicar tasas a la sanidad pública y gratuita.


Machacar y apretar al ciudadano es un obstáculo para la sanidad que es la columna vertebral de nuestro bienestar. Y es aconsejable no espantar la huida con políticas incendiarias. Porque la esencia vital de cada cosa no está necesariamente en sus cenizas. El político suele tener buen apetito: “le aprovecha todo lo que come". Y en las dificultades, es donde de verdad se manifiesta un mandatario avispado y sagaz, que debe saber ponderar y sopesar alternativas disyuntivas sin excitar en demasía al pueblo, en proporción con lo que se padece. Pero, sea como fuere, esta pena honda de este principio de siglo XXI, que son las crisis y los conflictos, no hace más que afilar el filo del cuchillo y el corte de la tijera cóncava y abollada. Mezclar arena con cal es peligroso, y cuando llueve sobre el agua mojada todo está mucho más resbaladizo y viscoso, viendo la ciudadanía que el euro es metal frío y desagradecido. Salud y suerte, nunca mejor dicho. Y como dice Eduardo manostijeras en la película: “No se pueden comprar las necesidades de la vida con galletas".


Sergio Farras, escritor tremendista.