La corrupción del buen vivir (made in Spain)

Por Sergio Farras, escritor tremendista

                   (Artículo publicado en LaVanguardia.com)
Como en la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino, se nos presenta aquí en España, una de esas historias de la corrupción política propia de guión de cine y sinopsis de truhanes y granujas. Acontecida en Sevilla, que es tierra de artistas y farándulas, lo que les viene de molde y escenario propicio para tales enredos.Fernando de Pablos, abogado del que fuera director general de Trabajo y Seguridad Social y Francisco Javier Guerrero, se montaron una historia digna del género más canallesco, con estampa de cultura pop,  entre combinación irónica de humor y juerga a la española con el dinero del contribuyente. Se ve, que estos “figuras” desinhibidos de los ERES y fraudes de subvenciones, se montaban unas “partys” de muy señor mío. Tal es la escandalosa declaración ante la justicia, que el chofer de Guerrero declaró sin más vergüenza que rubor, que le pedían para su hedonismo propio: cocaína, “fiesta y copas” para Francisco Javier Guerrero y para él mismo, extremo incorporado por la juez Mercedes Alaya a su investigación.
Implicado y acusado, podrían manifestar que todo esto es obra del excentricismo y golfería de la desmesura. Aunque habría que ver aquí, quien hace el papel de John Travolta  y quien el de Samuel L. Jackson,  aquellos dos que en la película, eran granujas mafiosos y surrealistas pero que acababan cayendo bien al espectador. El problema es que estos “figuras” psicodélicos del panorama político, no tienen tanto carisma ni atractivo como los personajes de la película de Tarantino. Y el pueblo, con estas travesuras, se siente un tanto pasmado y aturdido de unas costumbres y conductas impropias de cargos públicos. Eran políticos con cargos relevantes que no aparentaban lo que eran. Eso sí, se conoce que amantes de la vida canalla y más fiestera, sin privarse de dejarse llevar por el gozo del vivir por los polvorientos caminos del vicio. Confabulandoese pacto misterioso que hacen los corruptos, anotando sus truquitos en pregones de estampa socarrona, burlándose de la ciudadanía y dejándose llevar por el ritmo de la perversión que siempre más calienta.
Aquí no se sabe quien interpreta a Uma Thurman,  y que igual nos sorprenden incorporando a otros encausados. O este papel, le iría de molde al chofer poniéndole una peluca tipo Cleopatra, como Mia Wallace luce en la película, para acabar bailando el twist: You Never Can Tell, de Chuck Berry en plena declaración y testimonio delante de fiscales y letrados que les harían corro.
La Junta de Andalucía fue la primera que denunció el fraude a la fiscalía, y bajo el lema de caiga quien caiga, no ha dudado en pedir la imputación de cualquier implicado. Se conoce, que entre ellos se entendían como colegas de argots enviciados. E Igual, haciendo pactos o arreglos que alimentan la aventura del corrupto, diciendo aquello de: “tengo algo entre manos”, frases que suele utilizar el vividor y frescales que se precie de su costumbre, mostrándola desnuda y vulnerable. También, a cambio de su silencio, parece que Francisco Javier Guerrero quiere, como mínimo, recuperar su puesto de funcionario de la Administración autonómica, el que ejercía antes de acceder a la Alcaldía de El Pedroso en 1995. Los hay que le echan morro a la vida. ¡Vaya que sí!  ¡Brutal!.
El ex director general “fiestero y trilero” de Trabajo, insiste en que está en su derecho de exigir su plaza porque ahora no tiene ningún puesto de trabajo y ha sido su mujer la que ha tenido que ponerse a vender seguros. Y se ve, que tampoco le gustaría acabar siendo personaje “poligonero” con otros colegas corruptos y verbeneros. Como consultor, este hombre no debe de dar mucha confianza, la verdad.  Y hay que seguir dándole vida al cuerpo cuando este se muestra ardiente y excitante. “En esto de la corrupción siempre toca, o un pito o una pelota”. Y a este par, que les quiten lo “bailao” del instante que duró su desvarío. Tampoco es que se arrepientan mucho, e igual, hasta les resbala lo que el pueblo cavile, probablemente sintiéndose impíos a lo que le son ajenos. Pensando igual, que al final, todo acabe en cartas y archivos de diligencias olvidadas en el fondo de un cajón.
Aquí no tendrán al “Señor Lobo” para que les solucione problemas y les quite del “marrón” limpiando a fondo un simple vehículo, con lo que les exculpe y justifique de su culpabilidad. Y esperar que digan aquella frase mítica de:
-¡Bueno, bueno, no nos empecemos a comer las “virtudes” todavía!  Aparte de juzgarlos por prevaricación y malversación, habría que darles una oportunidad para que pudieran hacer su propia película, que probablemente, sería nominada a algún Goya o cine de autor de “no ficción”. Se conoce, que el señor Guerrero al haber sido director de trabajo, pagaría la sustancia adictiva y las copas consumidas en negro o en “avión”, que se dice. Vamos, dando ejemplo, que es como se genera la confianza y la credulidad.
Pero la cuestión más ardua de toda esta verbena de excesos y corrupciones, pueda ser parecida a la que se le presentó a Sócrates y Platón: «¿quién guardará a los guardianes?», o «¿quién nos protegerá de los protectores?»  La respuesta de Platón a esta pregunta es que ellos se cuidarán a sí mismos. ¡Pues vamos finos! Porque el ciudadano sigue trémulo y sorprendido. Igual también “flipando”, sin más sustancia en el cuerpo que el sufrimiento de crisis y sombras, y de los problemas sociales actuales que planean sobre nuestros cielos.
Servidor, se los imagina a todos estos corruptos sermoneando a sus subordinados antes de soltar la frase Bíblica de Ezequiel en la película Pulp Ficcion: “El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad…” ¡Ay que saciedad y descaro le echan algunos políticos! Aunque la justicia, suele estar concebida para detener la aventura del corrupto que engendra el mal cosido al mal.