http://youtu.be/VPucnZ1uv-s

Loading...

domingo, 26 de febrero de 2012



                                    Tóca la moral a un banquero, pero no le toques su dinero

Pobres banqueros, que en su desdicha por el recorte de sus jornales, no podrán disfrutar del exceso de su paga. Ahora, los directivos y ejecutivos de la banca española que hayan percibido ayudas públicas, -que suelen ver la vida habitualmente desde una atalaya- no podrán cobrar remuneraciones anuales superiores a 600.000 euros, según el ministro de Economía, Luis de Guindos. Cobrar más de esta suntuosa cantidad debe dar para bastante. Al menos, para cubrir gastos e ir tirando, seguro. La miseria no es saludable y que te recorten así, de un plumazo, las rentas acostumbradas a la lujuria del beneficio descontrolado, debe doler como duelen los clavos al madero.
 Pero tampoco tengamos excesiva pena por ellos, pues mientras algunos clientes perdían  sus casas, algunos directivos adornaban las suyas con jardines llenos de flecos. La codicia es lo que tiene, que se viste de gala para unos y de espantapájaros para otros. Porque el placer del suntuoso y prepotente dinero en exceso, suele ser directamente proporcional a la estupidez.
Esto del “Monopoly” pasado a la realidad, es un juego peligroso de locuras y desvaríos, debiendo de volver a su estado natural; que es el clásico juego de sobremesa entretenido de toda la vida. Pues no se puede juguetear con el dinero de verdad, ni repartiendo fichas a dedo como si la vida real fuese un simple tablero, marcando las posiciones a suertes más que a justa ponderación. Porque las consecuencias son las que mamamos ahora, en estos tiempos de trances y aprietos que exponen en carne viva la desigualdad social.

  Caminando a vacilante paso, maletín en mano, un banquero le dice a otro:


 
“  - Esta crisis la tenemos que solucionar entre todos.


      -No fastidies hombre!”

No es lo mismo capital que capitalismo. Y todo bien es despreciado cuando su desproporcionalidad alcanza, cuando actúa como algo bipolar y  acaba siendo un placebo más, medicina que sana. Ahora, el límite a los afligidos banqueros les puede llevar a un estado de pesadumbre y aflicción. Mientras, el pueblo rabia y patalea cuando ven los finiquitos que se llevan los financieros por sus excelentes servicios, aun dejando la entidad desnuda, vulnerable y en ruina. Quizás, con esta medida se conseguiría equilibrar la balanza desnivelada de la insolente lujuria económica, para no perderse en desvarío y  todo el juicio perdido en astronómicos sueldos y suntuosos finiquitos cuando se marchan a su ausencia y retiro. Mientras, otros más desdichados, deambulan por los contenedores en busca de restos de alimentos para completar el día en forma de llantos, gemidos y expresiones de desnuda necesidad.
Ahora, los banqueros darán igual réplicas estóicas y sufridas de qué: “la vida está cara y la necesidad agobia”. Tóca la moral a un banquero, pero no le toques su dinero. Algunos, igual pondrán el grito en el cielo clamando justicia de sus preciadas rentas, que serán recortadas y ajustadas, más a una efectividad razonable que a la barbaridad desmedida. Pues los haberes de todos estos años les han permitido desconectarse de una realidad, de una acera que igual ellos no pisan, de un aire que ellos no respiran. Y, apretando la teta de la vaca en exceso, se corre el peligro de agotar el recurso de mullirla hasta secarla de sus pezones ya exhaustos y cansados. La lógica abruma, y una ley que lamine todo esto parece hasta de sentido común y razonable cordura. Porque el pueblo “mileurista”, deambula por una vida trabajada al mínimo común denominador, con ajustes de reformas laborables que les obliga a cerrar los párpados para no percibir el polvo de sus futuros, Viendo también, como el crédito y el préstamo siguen sellados con cerrojos de plomo.
Esperemos que atrás queden los rancios tiempos de pelotazos,  de banqueros estrella y bombas de relojería económicas. Filosofía y banca quizás no casen mucho, pero que no se canse el banquero de filosofar mientras quede un euro en el camino. Y como dice el refrán, para que se lo puedan aplicar algunos financieros a esta desdicha: ¿Pobreza? Sí, de perjuicios, de egoísmo, de pereza…

Sergio Farras, escritor tremendista.

Sergio Farras, escritor tremendista.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada